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Cantan en la taberna...

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akikaze ya
shushi ni shi-utau
gyosha shôsha

Viento otoñal.
Cantan en la taberna
pescadores y leñadores.

Yosa Buson (1716-1784)

Caminos convergentes.

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El día de mi nacimiento mi muerte comenzó su caminata. Camina hacia mí, sin prisa.

Jean Cocteau (1889-1963)
Poeta, novelista, dramaturgo y director de cine francés.

La escuela de lo imperfecto.

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Los cuencos más apreciados para la ceremonia del té son de formas irregulares, y algunos tienen trazos dorados aquí y allá para tapar los pequeños golpes de la cerámica. Éstos, en lugar de disimular, acentúan los daños que el cuenco ha sufrido a lo largo de su paso por las manos de antiguos dueños. La asimetría y la irregularidad permiten la posibilidad de crecimiento. La perfección ahoga la imaginación.

Donald Keene.

Sobresalto mutuo.

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musubito ni
deau kitsune ya
uri-batake

El ladrón y la zorra
sobresaltados se cruzan
en el melonar.

Tan Taigi (1709-1771)

Mañana, un nuevo día.

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"Acaba cada día y dalo por terminado. Has hecho lo que podías. Sin duda habrá habido errores y absurdos; olvídalos lo antes posible. Mañana será un nuevo día, empiézalo bien, con serenidad y con tanto ánimo que no lo empañen las nimiedades de ayer."

Ralph W. Emerson.

¿Como lo ves?.

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¿Como lo ves?

¿Está medio lleno o medio vacío?

Eso depende de tu percepción.

Boca abajo, boca arriba, boca abajo, boca...

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Un monje tenía siempre una taza de té al lado de su cama. Por la noche, antes de acostarse, la ponía boca abajo y, por la mañana, le daba la vuelta.
Cuando un novicio le preguntó perplejo acerca de esa costumbre, el monje explicó que cada noche vaciaba simbólicamente la taza de la vida, como signo de aceptación de su propia mortalidad.
El ritual le recordaba que aquel día había hecho cuanto debía y que, por tanto, estaba preparado en el caso de que le sorprendiera la muerte.
Y cada mañana ponía la taza boca arriba para aceptar el obsequio de un nuevo día.
El monje vivía la vida día a día, reconociendo cada amanecer que constituía un regalo maravilloso, pero también estaba preparado para abandonar esté mundo al final de cada jornada.”

Un encanto más.

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ume ga ka ya
koto ni tsukiyo no
omoshirosa.

El aroma de ciruelo:
un encanto más que se suma
a la noche de luna.

Chiyo-ni (1703-1775)
Poetisa.

Acogiendo...

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kooru to wo
etari ya oo-to
akehanashi

Se quedó helada
mi puerta, pero abierta,
como acogiendo.

Natsume Sôseki (1867-1917)

El cuclillo solitario...

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oya mu naku
ko mo naki koe ya
kankodori.

Con voz huérfana
de padres y de hijos
canta el cuclillo.

Yosa Buson (1716-1784)