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Mostrando entradas de junio, 2019

Otoño gris...

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keitoo ya
hakanaki aki no
atamagachi

Vivo un otoño gris.
Y la "cresta de gallo"
se yergue entre hojarasca.

Tan Taigi, 1709-1771

La golondrina...

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yamato-ji no
miya mo waraya mo
tsubame kana

Por sendas de Yamato,
ya en templos ya en cabañas,
la golondrina.

Yosa Buson, 1716-1784

Yamato es un topónimo que se refiere a Japón desde el punto de vista de su tradición y sus valores genuinos. Las golondrinas recorren el país, sin hacer distinción de techumbres para anidar: lo mismo lo hacen en templos, palacios o mansiones ("miya") que en modestas casas campesinas, techadas de paja ("waraya"). Es un ave que convive con la tierra japonesa y con los humanos que la habitan. 

JAPÓN A TRAVÉS DEL HAIKU
Fernando Rodríguez-Izquierdo y Gavala, Universidad de Sevilla 

El espíritu del universo...

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aki wa fumi
ware ni tenka no
kokorozashi

Transcurre el otoño.
Alienta en mí
el espíritu del universo.

Natsume Sôseki, 1867-1917, escritor y poeta japonés

Haguro-yama...

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suzushisa ya
hono mika-zuki no
haguro-yama

¡Cuanto frescor:
frágil luna creciente
sobre el Haguro!

Matsuo Bashô, 1644-1694

Agarrar o abandonar...

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Intenta agarrar el humo de una barrita de incienso y el humo se escapará entre tus dedos. Abandona cualquier pretensión de agarrar y el humo perfumará la palma de tu mano.
Soyu Matsuoka Roshi, 1917-1997

Sosiego y movimiento...

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No abandones el movimiento para buscar el sosiego;
busca el sosiego en el movimiento.

Proverbio Taoísta.

Río nevado...

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Río Nevado.
Mil montañas,
ningún pájaro vuela,
diez mil senderos,
ni una huella de hombre.
En un bote,
un viejo vestido a la ligera,
pescando solo,
en el helado río nevado. 

Liu Tsung-yuan, 773-819

¿Temer a la muerte?

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Las personas que odian la muerte deberían amar la vida. ¿Como es posible que los hombres no se alegren cada día por el placer de estar vivos? Los hombres necios, olvidando ese placer, buscan otros laboriosamente; olvidan la riqueza que poseen y arriesgan su vida espoleados por su codicia y su afán de otras riquezas. Pero sus deseos nunca quedan satisfechos; mientras viven no se regocijan por el hecho de estar vivos, pero, al enfrentarse a la muerte, la temen. ¿Puede haber algo más ilógico?
La gente no disfruta de la vida porque no teme a la muerte. Aunque no; no es que no teman a la muerte, más bien olvidan cuán cercana está. Pero si un hombre se declara indiferente a distinciones externas tales como la vida y la muerte, sin duda se podría decir de él  que ha sabido captar los principios auténticos.

Fragmento de "Ensayos sobre la Ociosidad" (Tsurezuregusa)
Yoshida Kenkô, 1283-1352, escritor japonés, monje budista.