La escuela de lo imperfecto.

Los cuencos más apreciados para la ceremonia del té son de formas irregulares, y algunos tienen trazos dorados aquí y allá para tapar los pequeños golpes de la cerámica. Éstos, en lugar de disimular, acentúan los daños que el cuenco ha sufrido a lo largo de su paso por las manos de antiguos dueños. La asimetría y la irregularidad permiten la posibilidad de crecimiento. La perfección ahoga la imaginación.

Donald Keene.

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