Una moneda valiosa.

La piedra, después de arrojada.
La palabra, después de proferida.
La ocasión, después de perdida.
El tiempo, después de pasado.
Durante un tiempo, ambos callaron y vieron pasar el agua, un agua que nunca más volvería... El discípulo, inmerso en este pensamiento, se atrevió a romper el silencio:
-¿Por qué ha arrojado algo tan valioso al río, maestro? No le veo sentido…
-Para que recuerdes que esta lección no tiene precio. –contestó el sabio.
En mi silencio veo pasar el agua , estoy a
ResponderEliminarla sombra , saboreando ....
me llegan brisas de un lejano horizonte que
espera complaciente ....
Mientras tanto acudo a tus clases....
Desde mi corazóm un abrazo Angel
Hola Arianna: Me alegra mucho tu visita y tu comentario. Un fuerte abrazo, amiga.
ResponderEliminarHola Angel y Arianna!!!! hermoso leerlos a ambos, disfrutar de esa sensibilidad que tan bien sabe llegar al corazón.
ResponderEliminarUn fuerte abrazo.
Hola Delia: Un placer tenerte aquí. Vuestro seguimiento y comentarios son un estímulo. Un abrazo.
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