En el cielo hindú existe un árbol llamado Kalpataru (o árbol de los deseos). Un cansado viajero llegó por azar y se sentó debajo del árbol. - "Estoy tan hambriento -pensó- que sí hubiera alguien por aquí le pediría comida" En ese momento la comida se materializó delante de el. Cuando hubo comido le entró el sueño, y pensó: -"Sí hubiera una cama aquí..." Y la cama apareció. Pero tumbado en la cama comenzó a pensar: - "¿Que está sucediendo? No veo a nadie, pero la comida y la cama han aparecido. ¡Aquí hay fantasmas!" De repente aparecieron los fantasmas. Entonces se asustó y pensó: -"Ahora me matarán" ¡Y lo mataron! En la vída es igual: Sí piensas en fantasmas, aparecerán. Si piensas en enemigos, los tendrás. Sí piensas en amigos aparecerán. Sí odias, el odio brotará. Sí amas, el amor surgirá a tu alrededor.
Sobre todo con bichos que no nos han hecho nada. Así da más placer
ResponderEliminarSí.
EliminarGracias JJ
Pero no es el mas antiguo. El placer mas antiguo es acusar, señalar y juzgar al prójimo, nos hace sentir que somos mejores que el otro..
ResponderEliminarPor que vamos a privarnos de este placer?
Me gustaría privarme de los dos placeres. Del de la crueldad creo que voy consiguiéndolo. Supongo que para el otro se requiere mucho más esfuerzo.
EliminarGracias, Anónimo.
Ganhdi (político y pensador hindú): "Cuanto más indefensa está una criatura, más derecho tiene a que el hombre la proteja de la crueldad del hombre"
ResponderEliminarJane Goodall (etóloga británica. Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica 2003): "Una vez que aceptamos que una criatura viva siente dolor, si deliberadamente la hacemos sufrir, somos igual de culpables. Sea humana o animal nos embrutecemos a nosotros mismos".
No creo que la "humanidad" como tal, en su conjunto o en su esencia o condición, tenga la Crueldad como uno de sus relevantes placeres. Hay larga tela por cortar en esto ... Desde un enfoque de la Psicologías, por ejemplo. Y desde el Budismo, por supuesto.
ResponderEliminarQué pensar de un niño, o, de un aficionado a los toros que no ha hecho contacto con la noción del dolor del Otro. O, que en su crecimiento ha suprimido de su conciencia/subconciencia tal dimensión afectiva y nocional a través de condiciones socio culturales.