El ojo y el espejo.

Sabemos demasiado bien quién queremos ser, pero me temo que hemos renunciado a preguntarnos quiénes somos en realidad.

El verano es la estación de la visibilidad total, el pleonasmo de la sociedad mediática. Mientras las playas se convierten en grandes pantallas, las de los medios no cesan de mostrarnos modelos de éxito en una pasarela de exhibición permanente. Da igual que se trate de los chicos de 'la Roja' o de Sara Carbonero tomando el sol en el sur de California. En el anverso de estas imágenes siempre viene cifrada una leyenda moral. Sea por su buena estrella, por sus presuntos valores humanos, por su belleza o por su dinero, se trata de los valores a emular. El espejo donde se mira el ojo insomne del hombre contemporáneo. Visto desde esa distancia todo parece muy bonito, como si la vida fuera una fábula de Paulo Coelho, pero resulta peligrosamente sospechoso.
¿Por qué? Porque nuestra mirada está contaminada de deseo. No precisamente de deseo carnal, sino más bien por el deseo de ser alguien, que no es diferente del deseo de ser como alguien. En otro tiempo eran las biografías de santos. Hoy la narración dominante la ocupan los deportistas y los artistas famosos presentados siempre en la misma clave cercana a la santidad. En el fondo nada ha cambiado.

La sociedad mediática nos vende modelos de personalidad. Las consecuencias son lógicas: que nuestros ojos lean la realidad no tanto como es, sino tal como se nos muestra en ese espejo mágico. Pues lo importante no es lo que vemos, sino lo que proyectamos detrás del azogue, para así imaginarnos a nosotros mismos bendecidos por el carisma que dimana de los iconos del momento.

Por supuesto, toda imagen idílica tiene su negativo. Si el anverso del espejo lo ocupan los nuevos santos, su reverso lo ocupan los monstruos. Por lo general éstos suelen coincidir con eximios beatos mediáticos caídos en desgracia por una operación 'Malaya', un caso 'Palau', o una trama de espionaje vitoriana. Al contrario de lo que sucedería si se tratase de Shakira, si alguno de estos tendiera su toalla a tu lado en la playa harías lo posible por esquivarlos. No nos cansamos de mirar aquello con lo que soñamos, pero nos negamos a ver lo que refleja la parte oscura de nosotros mismos.

Qué lejos de nuestro tiempo queda la célebre frase del oráculo de Delfos, 'Conócete a ti mismo'. Se diría que el ojo que mira hacia adentro se ha quedado ciego, y sólo queremos ver y que nos vean. Sabemos demasiado bien quién queremos ser, pero me temo que hemos renunciado a preguntarnos quiénes somos en realidad -desnudos ante el espejo-, incluso en una playa nudista.
 
EL OJO Y EL ESPEJO - Por ALVARO BERMEJO.
Publicado en EL DIARIO VASCO (Donostia-San Sebastian) el 07 Agosto 2010.

Comentarios

  1. Si nos desnudamos frente al espejo , no nos conocemos, en una playa nudista menos

    buenas noches, muy interesantes los comentarios de este periódico

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  2. Gabon (buenas noches) Arianna.
    No se sí es el calor que me hace estar mas "quisquilloso"o es que llevo unos dias sin sentarme (a practicar).
    Lo cierto es que el cuerpo me pide guerra y de ahí el publicar estas entradas que a mí tambien me están pareciendo interesantes.
    Un abrazo.

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  3. Hola Angel, todo lo que sucede sirve para movilizarnos sólo hace falta la mirada atenta y el discernimiento claro.
    No dejo de visitar tu casa y siempre lo hago con la misma satisfacción.
    Un abrazo.

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  4. Gracias Delia. Un placer tenerte aquí y gracias por el consejo.

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