Cha-no-yu.

La ceremonia del té, cha-no-yu (literalmente "el agua caliente del té") o sado (“camino del té"), constituye la quinta esencia de la cultura japonesa. Es un momento en el que se pone en práctica lo mejor de cada cosa: invitados bien elegidos, un día en el que la belleza de la naturaleza del entorno está en todo su apogeo, una pintura o una caligrafía que decora la pared y que ha sido elegida no sólo por sus características artísticas, sino también por su adecuación al momento, una composición floral delicada, los cuencos más hermosos y, por supuesto, el mejor té hecho con los instrumentos perfectos y los ingredientes (té y agua) más sutiles. Esta ceremonia debe respetar cuatro principios básicos: armonía, respeto, pureza y serenidad. Siguiendo estos principios, la belleza es sinónimo de sencillez y de naturalismo a través de objetos "en bruto" o de los pabellones de té, cuyo despojo y estrechez sorprende a menudo al visitante.

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